OpenAI ha anunciado el cese de operaciones de su aplicación social Sora, una plataforma de videos generados por inteligencia artificial que buscaba replicar el formato de TikTok. Lanzada hace apenas seis meses, la compañía no ha proporcionado una razón específica para su descontinuación, pero la decisión llega en medio de un claro declive en el interés de los usuarios y diversas controversias relacionadas con el contenido generado. Este cierre plantea importantes preguntas sobre la viabilidad a largo plazo de las aplicaciones sociales puramente impulsadas por IA.
Un Lanzamiento con Grandes Expectativas
Sora debutó como una red social exclusiva por invitación, generando una expectación considerable. Su propuesta era sencilla pero ambiciosa: ofrecer un feed de video vertical similar a TikTok, pero con la particularidad de que todos los videos eran generados por IA. La característica principal, inicialmente llamada «cameos» (y luego «characters» tras una disputa legal con la empresa Cameo), permitía a los usuarios escanear sus rostros para crear «deepfakes» realistas de sí mismos, que luego otros podían usar para generar videos.
Controversias y Desafíos de Moderación
Desde sus inicios, Sora enfrentó serios problemas de moderación. La aplicación se convirtió rápidamente en un campo minado de videos extraños y, a menudo, perturbadores. A pesar de las salvaguardas teóricas de OpenAI para evitar la generación de contenido con figuras públicas sin su consentimiento explícito, la realidad fue que estas barreras eran fácilmente eludibles. Surgieron deepfakes de personalidades como el CEO de OpenAI, Sam Altman, así como de figuras históricas como Martin Luther King Jr. y el actor Robin Williams, provocando la preocupación y el llamado público de sus familiares para detener dicha práctica.
Posteriormente, los usuarios comenzaron a generar intencionalmente contenido con personajes con derechos de autor, como Mario, Naruto y Pikachu, exponiendo a OpenAI a posibles problemas legales.
El Fallido Acuerdo con Disney
Uno de los golpes más significativos para Sora fue el colapso de un prometedor acuerdo con Disney. La compañía del ratón, conocida por su estricta política de derechos de autor, había ofrecido a OpenAI una inversión de 1.000 millones de dólares y un acuerdo de licencia que habría permitido a Sora generar videos con personajes de Disney, Marvel, Pixar y Star Wars. Este pacto fue visto como un hito para la industria de la IA, pero con el cierre de la aplicación, el acuerdo se disuelve sin que, al parecer, se haya efectuado ningún intercambio de dinero. Disney emitió un comunicado diplomático, afirmando que «continuaría colaborando con plataformas de IA» en el futuro.
Declive en el Interés y Rendimiento Financiero
El entusiasmo inicial por Sora no se mantuvo. Según datos de la firma de inteligencia móvil Appfigures, la aplicación alcanzó su punto máximo en noviembre con aproximadamente 3.332.200 descargas en iOS y Google Play. Sin embargo, para febrero, las descargas se habían desplomado a 1.128.700. Aunque esta cifra pueda parecer considerable, palidece en comparación con los 900 millones de usuarios activos semanales de ChatGPT.
En su corta vida, Appfigures estima que Sora generó alrededor de 2.1 millones de dólares en compras dentro de la aplicación, principalmente por créditos adicionales para la generación de videos. Este ingreso probablemente no justificó los altos costos computacionales de la aplicación ni sus crecientes responsabilidades legales, especialmente para una empresa que ya opera con grandes pérdidas.
Implicaciones Futuras y el Legado de Sora
El caso de Sora recuerda a otras plataformas sociales que no lograron consolidarse, como Horizon Worlds de Meta, que también ha luchado por encontrar una audiencia sostenida a pesar de la inversión masiva en el metaverso. El fracaso de Sora destaca la dificultad de mantener el interés en experiencias de IA puramente generativas que, si bien son tecnológicamente impresionantes, pueden carecer de la interacción humana o la utilidad práctica que los usuarios buscan en las redes sociales tradicionales.
A pesar del cierre de la aplicación, es crucial señalar que la tecnología subyacente, el modelo de generación de video y audio **Sora 2**, sigue estando disponible, aunque ahora está integrada detrás del muro de pago de ChatGPT. Esto significa que la capacidad de crear videos generados por IA, incluyendo deepfakes, no ha desaparecido. OpenAI no es la única empresa que desarrolla y facilita esta tecnología, lo que sugiere que es solo cuestión de tiempo antes de que emerja una nueva ola de aplicaciones sociales de video con IA, presentando desafíos similares en términos de moderación, ética y la proliferación de contenido engañoso. Los riesgos asociados con la generación de deepfakes siguen siendo una preocupación latente para la sociedad digital.


