Google puso en línea en octubre de 2026 su primer satélite prototipo de centro de datos espacial, que ya se comunica con la Tierra y ejecuta un modelo de inteligencia artificial en órbita. La prueba busca comprobar si futuras redes de satélites podrán procesar grandes cargas de IA lejos de la infraestructura terrestre, aunque el equipo actual todavía es experimental y tiene importantes límites de energía.
Un satélite con un TPU y energía limitada
El satélite forma parte del proyecto Suncatcher de Google y fue lanzado a principios de octubre junto con más de 100 naves en un cohete Falcon 9 de SpaceX. A bordo lleva una unidad de procesamiento tensorial (TPU) de Google y puede generar hasta 1 kilovatio de electricidad.
La potencia disponible condiciona su funcionamiento: el TPU solo puede encenderse durante unos 20 minutos cada vez. Esa ventana también complica las comunicaciones entre el satélite y las estaciones terrestres, por lo que la demostración no equivale a un centro de datos convencional que opere de forma continua.
Tras unas tres semanas de puesta en marcha y revisión de sus subsistemas, los ingenieros enviaron la primera solicitud al modelo Gemma 4, de Google DeepMind, instalado previamente en la nave. Le pidieron escribir un haiku sobre el espacio. El modelo respondió: «Planeta azul abajo / Los datos fluyen en silencio / La luz estelar nutre mi núcleo».
La prueba medirá el efecto de la radiación espacial
Más allá de la demostración poética, Google también pidió al satélite que informara sobre las condiciones orbitales a su alrededor. Según TechCrunch, la empresa indicó que la nave funciona con normalidad y que la campaña de pruebas evaluará tanto el rendimiento de los chips bajo estrés térmico como su respuesta a la radiación espacial.
La radiación puede provocar cambios involuntarios en los valores almacenados en la memoria, conocidos como «bit flips». Estos errores pueden alterar datos sin activar los mecanismos habituales de supervisión. Google ya había probado sus TPU en aceleradores de partículas en la Tierra; ahora puede observar cómo se comporta el hardware en el entorno real del espacio.
Las pruebas terrestres apuntaban a que la radiación afectaría menos a las tareas de inferencia —generar respuestas con un modelo ya entrenado— que al entrenamiento. La misión permitirá contrastar esa hipótesis con datos de vuelo, un paso importante antes de desplegar más capacidad de cómputo en órbita.
Google planea probar enlaces ópticos entre satélites
Si el TPU supera las pruebas, el siguiente paso previsto es lanzar dos satélites adicionales en 2027. Incorporarían chips más avanzados, mayor capacidad de generación eléctrica y enlaces ópticos entre naves, una tecnología que permitiría transmitir datos mediante láser y coordinar cargas de trabajo entre satélites.
La propuesta de Google se diferencia de otros planes de centros de datos espaciales porque apunta a conectar los satélites para ejecutar tareas distribuidas. En cambio, algunas iniciativas, como las de Starcloud y Cowboy Space, contemplan realizar inferencias en cada nave de forma individual. La utilidad de cada enfoque dependerá de factores como la energía disponible, la distancia entre satélites y la velocidad de comunicación.
El proyecto aún está lejos de ofrecer servicios comerciales. Su relevancia para el lector está en que pone a prueba una posible infraestructura futura para procesar IA: antes de que los centros de datos orbitales sean viables, deben demostrar que los chips resisten el espacio, que las naves pueden alimentarlos y que es posible mover información de manera eficiente.
En resumen
- Google ya opera y se comunica con su primer satélite prototipo de centro de datos espacial.
- La nave lleva un TPU y genera hasta 1 kilovatio de electricidad.
- La limitación energética permite encender el procesador unos 20 minutos por vez.
- Las pruebas estudian la radiación, el calor y el rendimiento de la inferencia en órbita.
- Google prevé lanzar dos satélites adicionales en 2027 para probar enlaces ópticos.


