Una búsqueda de nueve meses en Galápagos no encontró ballenas azules entre octubre de 2025 y julio de 2026, y científicos creen que el super El Niño podría estar influyendo en su ausencia. El calentamiento del océano puede alterar la ubicación del kril, su principal alimento, aunque los investigadores advierten que todavía no se puede atribuir el descenso de avistamientos directamente al fenómeno.
Una búsqueda prolongada sin avistamientos confirmados
El equipo enviado por la Dirección del Parque Nacional Galápagos recorrió zonas donde las ballenas azules habían sido observadas anteriormente. Su objetivo era localizar ejemplares y colocarles transmisores satelitales para seguir sus rutas migratorias, pero no encontró ninguno durante la expedición.
La ausencia durante ese periodo no significa que la especie haya dejado de visitar las islas. En septiembre, después de terminar la búsqueda, la red de ciencia ciudadana Cetácea Galápagos registró una ballena azul adulta junto a su cría en Punta Pitt, San Cristóbal. La observación confirma que siguen presentes en la región, aunque el prolongado intervalo sin registros científicos requiere más investigación.
El calentamiento pudo alterar las zonas de alimentación
Las mediciones realizadas durante la expedición reflejaron condiciones más cálidas de lo habitual para esa época, según el Galápagos Science Center. La temperatura superficial del mar se situó entre 25,5 y 27,6 grados Celsius; a 100 metros de profundidad, osciló entre 19,11 y 19,67 grados.
También cambió la profundidad de la isoterma de 20 grados Celsius, una capa oceánica que normalmente se encuentra entre los 20 y 45 metros en Galápagos. Durante la investigación, apareció entre los 78 y 96 metros. Este desplazamiento podría haber separado las condiciones de temperatura preferidas por las ballenas de las profundidades donde se encontraba su alimento, principalmente kril.
Si el kril escasea o se desplaza por cambios en la temperatura y la productividad del océano, las ballenas podrían buscar alimento en otras zonas. Daniela Alarcón, científica principal de la expedición e investigadora de la Universidad San Francisco de Quito y del Galápagos Science Center, planteó que algunos ejemplares podrían permanecer más al sur, donde las aguas son más frías y habría mayor disponibilidad de comida. Se trata de una explicación posible, no de una conclusión confirmada.
El Niño ya está modificando el entorno marino
El archipiélago, situado en el Pacífico oriental sobre el ecuador, es especialmente sensible a El Niño. A finales de agosto, Ecuador declaró una alerta roja nacional ante los posibles impactos del fenómeno. Algunas estaciones de monitoreo costeras e insulares registraron niveles del mar hasta 40 centímetros por encima de lo normal, una señal asociada a aguas significativamente más cálidas, según el Galápagos Science Center.
Los cambios también pueden afectar a otras partes de la cadena alimentaria. Un estudio de 2024 que siguió a 16 ballenas azules en Galápagos entre 2021 y 2023 encontró que el fuerte El Niño de 2023 alteró la temperatura del océano y redujo la productividad primaria, lo que pudo perjudicar el suministro de alimento de los cetáceos.
Los reportes de Cetácea Galápagos indican que los avistamientos ya disminuían antes de la expedición, con un descenso iniciado entre agosto y septiembre de 2025. Hubo dos reportes aislados durante la búsqueda, en mayo y junio de 2026, pero el equipo no pudo confirmarlos. La combinación de registros ciudadanos y datos oceanográficos ayudará a investigar cómo las condiciones marinas afectan las rutas y la presencia de las ballenas.
En resumen
- La expedición buscó ballenas azules en Galápagos durante nueve meses y no confirmó ningún avistamiento.
- En septiembre se registró una adulta con su cría en Punta Pitt, después de la búsqueda.
- La isoterma de 20 grados se encontró a 78–96 metros, más profunda de lo habitual.
- El agua cálida podría alterar la disponibilidad y ubicación del kril, alimento principal de las ballenas.
- Los científicos consideran posible la influencia de El Niño, pero aún no la han demostrado.


